En dos horas ya estábamos preparados para la cacería como Dietrich diría, en lo personal no me agradaban sus términos, no estaba orgullosa como él de lo que hacíamos. Tome mi ropa para el frío, mi siempre fiel Colt semiautomática y nada mas, un pobre doctor trastornado no seria difícil de eliminar. Dietrich como era de costumbre llevaba su gruesa chaqueta café y sus dos alargados revólveres, Blut y Knochen, como él mismo los llamaba.
Salimos de casa llevando una cuarta parte del dinero que nos había sido entregado por Ivanovich, eso sería más que suficiente para alcanzar a Nikolai. Nos dirigimos a la estación de trenes y con un pequeño soborno al vendedor de boletos averiguamos el destino de nuestro blanco, Rusia.
-Si se dirige a Rusia tendrá que pasar por Ucrania, es el único camino que existe si deseas viajar en tren. Será difícil alcanzarlo con la ventaja que nos lleva, le dije pensativa a Dietrich mientras abordábamos el tren con destino a Odesa.
-Por difícil que sea es nuestro trabajo y debemos hacerlo, respondió Dietrich.
-Nunca cambiaras.
-Solo me dedico a lo que soy bueno, no tiene nada de extraño.
-Si así es, nunca cambiaras, le respondí suspirando.
Una vez dentro del tren tomamos nuestros asientos y nos preparamos para el largo viaje sin paradas. Dietrich ocupaba su tiempo puliendo sus armas, revisando sus cartuchos y asustando a los curiosos y a los mismos guardias que hacían ronda en el tren con su mirada cadavérica. Yo por mi parte pensaba en las palabras que le había dicho a mi compañero antes de subir al tren: “Nunca cambiaras”, en efecto, Dietrich a sus 40 años era el mismo que conocí siendo una niña.
A pesar de no estar relacionados por la sangre Dietrich era mi única familia, aquel fatídico día en que perdí a mis padres fue él quien me salvo la vida y curo mis heridas. Por casualidad su casa estaba ubicada en la base de la ladera en la perdí a mi madre, al escuchar el estruendo de los disparos salió para encontrarme casi muerta. Siempre se encargo de que nunca me faltara nada y me educó a su propio estilo, inculcándome sus tres bases: tener un carácter fuerte, saber disparar un arma y nunca titubear. Cuando tuve 16 años me dejo elegir el camino que seguiría, pese a que no compartía la idea de matar gente para vivir, decidí seguir sus pasos y convertirme en caza recompensas, era la única forma de cumplir mi mayor anhelo, encontrar a la sombra que se había llevado a mis padres y cobrar venganza con mis propias manos, por mas que Dietrich me insistió en que olvidara el pasado, que éste no importa…yo no podía olvidar.
-Ya han pasado doce años desde que te conozco, que rápido pasa el tiempo ¿No crees Dietrich?
Levante la mirada al no obtener respuesta, Dietrich se había quedado dormido. Nunca cambiara, dije para mis adentros.
Los cuatro días de viaje fueron amenos gracias al paisaje, éste a diferencia del de casa, no tenía montañas elevadas o extensos bosques verdes, éste estaba lleno de interminables estepas y se podía ver al mar negro que se extendía hasta donde llegaban mis ojos, y por supuesto gracias también al carro comedor que siempre tenia una comida diferente, casi sentí lastima cuando por fin llegamos a Odesa y debimos bajar del tren.
En cuanto bajamos del tren vimos un gran alboroto en la estación, un gran tumulto de personas acosaba a los maquinistas y a un hombre con un traje negro y un sombrero de copa, aparentemente era quien estaba a cargo de la estación de Odesa. Dietrich tomó la iniciativa y se dirigió hacia donde se encontraba el director de la estación, decidido a saber que era lo que sucedía, se abrió paso entre la multitud con sus enormes brazos, yo lo seguía excusándome con todas las personas que eran brutalmente empujadas. Al poco tiempo estuvimos cara a cara con el director y sus maquinistas.
-Sabemos que no es justo con ustedes, pero, comprendan es algo que se sale de nuestras manos, decía el hombre de traje negro a todo pulmón.
La multitud enardecida solo replicaba, amenazaba y se quejaba
-¡Es un irrespeto con nosotros!
-¡Exijo un reembolso!
-¡Más le vale hacer funcionar los trenes!
-Ya han pasado tres días y aun no salen trenes, ¿Hasta cuando piensan dejarnos aquí?
El pobre director de la estación solo se secaba el sudor con un pañuelo y se enrojecía más y más
-Les repito, nosotros nos controlamos el tiempo, el mal clima ha bloqueado las vías que van hacia Rusia, Kiev, Polonia y Belarus, los trenes con destino a estos lugares estarán suspendidos hasta nueva aviso. Con la ayuda de Dios pronto nuestros trenes partirán de nuevo.
Dietrich me miró, mientras se reía a carcajadas.
-La suerte está de nuestro lado, Nikolai puede darse por muerto, sin trenes no hay salida de Odesa.
-Vamos a buscar información, estoy segura que aun sigue aquí.
Una vez más Dietrich se abrió paso entre la multitud, esta vez todos se hicieron a un lado sin necesidad de ser empujados. Caminamos hasta las afueras de la estación.
-Yo iré al puerto, puede que intente escapar por el mar negro pese a que ningún barco viaja a Rusia, tu ve a buscar en posadas, hospitales, escuelas, cualquier lugar donde un maniático pueda estar.
-Te veré aquí mismo en dos horas, le dije a Dietrich que ya iba camino al puerto a toda prisa.
Él, levantando su mano derecha empuñada, levantó su dedo índice y su dedo del medio mientras seguía corriendo, esa era su señal de “despreocúpate todo estará bien”. Me apresure a ir al pueblo para buscar información utilidad, llevaba la foto de Nikolai conmigo lo que me facilitó el trabajo. Busqué en un hospital, en dos plazas, en cuatro posadas, en la iglesia y en la estación de policía, sin obtener respuesta alguna. Decepcionada pensé en regresar al punto de encuentro, pero, para mi sorpresa una anciana que respiraba agitada y llevaba un gato atigrado en sus brazos se me acerco.
-Jovencita por poco no logro alcanzarla, dijo la anciana con la voz entrecortada.
Mire a la anciana desconcertada.
-Si si, ya se que usted está buscando a su novio no tiene que mentirme.
Su comentario me pareció aun mas extraño, seriamente pensé en que era un pobre anciana que había escapado de un sanatorio.
-El hombre apuesto de la foto ¿Es su novio no es así?
-Si…así es, le respondí a la anciana mientras reía para mis adentros por la ironía.
-El buscó posada en la casa de mi vecina, la señora Agnes y allí debe encontrarse ahora, su casa esta frente a la mía, que queda al lado del hospital.
Rápidamente corrí a las afueras de la estación de trenes sin siquiera darle las gracias a la anciana, solo le escuche a lo lejos decir “esta juventud enamorada”. Ya sabía donde estaba Nikolai, pero, antes debía verme con Dietrich, nunca me perdonaría si voy yo sola por la “presa”.
De nuevo ese lugar…de nuevo ese día…de nuevo…
Había sido una noche ajetreada, mientras subía al tren de las 11:00 PM recordaba con pena como había incendiado mi laboratorio y a mi bella bratja, no fue difícil conseguir un asiento en primera clase gracias al dinero que me había dado Ivanovich. Me senté en mi asiento designado (15) que quedaba justo al lado de la ventana, puse mi pequeña maleta de cuero entre mis piernas y la abracé con fuerza, aquí estaban los planos de mi amor mecanizado y todo el dinero con el que contaba, aparte de mi abrigo y un escalpelo que guarde en mi bolsillo era todo lo que me quedaba.